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1.

La tenencia de la
tierra de las mujeres
en América Latina
Presentación general del
tema
El acceso a la tierra es uno de los
problemas más graves
que enfrentan las mujeres rurales
en América Latina y en el
mundo, y está en la base de
muchos otros problemas
“invisibles”
para la sociedad. Este trabajo
intenta analizar esta
situación, como uno de los
fundamentos materiales y
culturales
del sistema patriarcal, capitalista
y colonial de dominación.
Intenta también establecer sus
implicancias para
millones de mujeres en nuestro
continente.
Actualmente se calcula que
existen en el mundo 1.600
millones de mujeres campesinas
(más de la cuarta parte
de la población), pero sólo el 2%
de la tierra es propiedad
de ellas y reciben únicamente el
1% de todo el crédito
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Somos tierra, semilla, rebeldía
para la agricultura.1 En América
Latina y El Caribe, según
la Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura
y la Alimentación (FAO), la
población rural asciende a 121
millones de personas, lo que
corresponde al 20% del total de
la población. De este total, el
48% son mujeres (58 millones),
que trabajan hasta 12 horas
diarias a cargo de la huerta, de
los animales, recolectando y
cocinando alimentos, criando
a niñxs, cuidando a personas
mayores y a enfermxs, entre
otras muchas tareas.
De los 37 millones de mujeres
rurales mayores de 15
años, 17 millones son
consideradas parte de la
Población
Económicamente Activa (PEA), y
más de 4 millones son
consideradas
“productoras agropecuarias”.2 Se
calcula que 9
millones de estas mujeres son
indígenas, hablan su propia
lengua, y están sujetas – en la
mayoría de los casos – a una
doble o a veces triple
discriminación, por el hecho de
ser
mujeres, pobres e indígenas.3
A pesar del exceso de trabajo
(tanto en carga horaria como
en las tareas que se asumen), y
de su participación directa
en determinadas tareas de la
agricultura, y de modo
mayoritario
en la agricultura de subsistencia,
la mayoría de las
mujeres rurales no son
propietarias de la tierra, y su
actividad
no es considerada “productiva”.
Según datos de la FAO,
sólo el 30% de mujeres rurales
poseen tierras agrícolas, y no
tienen acceso a los medios de
producción.
1 Rural Women’s Day, “Facts on
rural women”, disponible en:
www.rural.
womens-day.org
2 Estas cifras merecen ser
discutidas, ya que consideran
como actividad económica
sólo a las tareas de explotación
agropecuaria, invisibilizando y no
atribuyendo
valor al trabajo doméstico
realizado por las mujeres que
significa la creación
y la reproducción de la vida
misma.
3 Marcela Ballara y Soledad
Parada, “El empleo de las mujeres
rurales, lo que
dicen las cifras”, Santiago de
Chile: CEPAL-FAO, 2009.
11
1.
La tenencia de la tierra de las
mujeres...
• ¿Qué significa en la vida
cotidiana de las mujeres tener o
no acceso a la tierra?
• ¿Qué significa para la sociedad
que las mujeres tengan o
no acceso a la tierra?
• ¿Qué consecuencias tiene que
no puedan acceder a los
medios de producción?
En un comunicado de agosto del
2015, la FAO señala que
mientras las mujeres del campo
son responsables de más
de la mitad de la producción de
alimentos a nivel mundial,
las de la región de Latinoamérica
y el Caribe continúan
viviendo en una situación de
desigualdad social y política.
Según el comunicado, sólo el 18%
de las “explotaciones agrícolas”
regionales son manejadas por
mujeres.4 Además, las
mujeres reciben el 10% de los
créditos y el 5% de la asistencia
técnica para el sector.5
• ¿Cómo se trabaja la tierra si no
hay créditos ni asistencia
técnica?
• ¿Cómo se compite en el
mercado al no acceder a estos
recursos?
4 En el lenguaje de los
organismos internacionales como
la FAO, lo que para
los pueblos son espacios de
cultivos, de siembra, proyectos
agrícolas, y distintos
modos de nombrarlos, para estas
agencias del poder transnacional
son “explotaciones”.
Esto expresa un modo de
relacionarse con la naturaleza, la
“explotación”,
y también un modo de concebir la
agricultura, tanto la tierra como
las semillas
y sus productos, como
“mercancías”. Cuando utilizamos
estos términos estamos
replicando el lenguaje de las
agencias y lo entrecomillamos
para poner distancia
con esa forma de nombrarlas.
5 Centro de noticias ONU, “FAO
aboga por mayor acceso de las
mujeres a la tierra
en América Latina y el Caribe”,
10 de agosto de 2015,
http://www.un.org/spanish/
News/story.asp?
NewsID=33015#.VrO3ltLhBdg
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Somos tierra, semilla, rebeldía
• ¿Es necesario competir en el
mercado? ¿Existen otras
formas de distribución y de
intercambio?
• ¿Alcanza con tener la propiedad
de la tierra?
• ¿Qué diferentes modalidades
existen para el trabajo en
el campo, sin acceder a la
propiedad de la tierra?
• ¿Qué diferentes modalidades
de acceso a la tierra hay?
• ¿Qué distintas formas de
propiedad?
Sabemos que si no se accede a la
propiedad de la tierra, en
el contexto del capitalismo
patriarcal, es muy difícil obtener
los beneficios de las políticas
públicas y privadas de “apoyo
al desarrollo”.6 Sabemos también
que para acceder a estos
“beneficios” hay que aceptar las
lógicas impuestas por el
modelo de “mal desarrollo” que
busca expandir el agronegocio
y sus herramientas de control:
transgénicos, agroquímicos,
monocultivos, etc. Aceptar el
modelo significa perder
autonomía, suicidar a la
agricultura campesina y a los
ejercicios
posibles de soberanía
alimentaria. Rechazarlo puede
significar en muchos casos, no
acceder a oportunidades de
producción y de consumo, que
son parte de las necesidades,
o de los imaginarios de
necesidades de las comunidades.
¿No es éste un círculo cerrado
que fortalece las lógicas
capitalistas y patriarcales de
usufructo de la renta de la
tierra por parte de las
transnacionales y de las
oligarquías
locales, y al mismo tiempo
fortalece los aspectos fundantes
de la división sexual del trabajo?
6 Volvemos a chocar con el
lenguaje construido para
legitimar prácticas de poder
opresoras. Sabemos que quienes
proveen créditos, destinan
recursos en función
de un concepto de “desarrollo”
que consideramos que es de
“maldesarrollo”, de
destrucción de bienes comunes,
tierras y comunidades. Sin
embargo recurrimos a
estos términos para identificar
también las inequidades que se
producen cuando
los pueblos cuestionan o se
apartan del modelo económico,
político e ideológico
hegemónico.