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MÚSICA CLÁSICA

La música clásica se refiere a las composiciones musicales que abarcan el período


llamado clasicismo musical que abarca los años entre 1750 y 1820.

La denominación música clásica ha sido definida por los musicólogos con la muerte del
compositor alemán Johann Sebastian Bach (1685-1750) que representaba el período
barroco que comprende los años 1600 a 1750.

La música clásica nace como una forma de ruptura contra las reglas estrictas de la música
barroca que se caracterizaban por su estructura horizontal donde varias melodías se
sobreponían a la vez.

La música clásica contrasta con el período anterior por composiciones menos pesadas por
el hecho de tener solo una melodía principal que era guiaba a todos los instrumentos. Esto
hace que se conserve un mismo ritmo en una sucesión de acordes de estructura vertical
llamada homofonía.

Uno de los primeros compositores de música clásica fue el austriaco Joseph Haydn (1732-
1809) que se destacó especialmente con la Sinfonía No.1 en Re Mayor. Los otros dos
grandes compositores que caracterizan este período son:

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791): Las bodas de Fígaro, Serenata No. 13, Flauta
mágica
Ludwig van Beethoven (1770-1827): Sinfonía No. 5 en Do menor, Para Elisa, Sinfonía
No. 9 en Re menor.
En el clasicismo musical se crea además tres tipos de composiciones musicales:

La sonata: música escrita para varios instrumentos.


La sinfonía: música para ser interpretada por una orquesta.
El concierto: composición para orquesta interpretada por varios instrumentos.
En la historia de la música, se denomina período clásico a aquél que abarca el barroco
(1600-1750), el clasicismo (1750-1820) y el romanticismo (1820-1910) lo que puede
llevar al error de confundir todo el producto de estas tres épocas como música clásica.

A pesar del uso de música clásica para abarcar estos tres períodos no es exacto, no se
considera incorrecto, ya que, la música clásica se refiere de manera popular a la música
erudita, académica o culta que abarca todo el período clásico finalizando con época
contemporánea.
MÚSICA BARROCA

La música barroca abarca aproximadamente desde el nacimiento de la ópera en torno a


1600 hasta la muerte de Johann Sebastian Bach, en 1750 (todo el siglo XVII y la primera
mitad del siglo XVIII). Pertenece a los estilos de la música culta europea, antecedido por
la música del Renacimiento y seguido por la música del Clasicismo.

Es uno de los períodos más importantes de la Historia de la Música por el enorme espíritu
de creación que hay en él. Surgen músicos de primerísima línea entre los que destacan:
Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel, Antonio Vivaldi, Domenico Scarlatti,
Georg Philipp Telemann, Jean Baptiste Lully, Arcangelo Corelli, Claudio Monteverdi,
Jean Philippe Rameau y Henry Purcell.
La inmensa mayoría de los compositores de la época barroca trabajaban al servicio de
mecenas pertenecientes a la alta Aristocracia o al alto clero: reyes, príncipes alemanes,
cardenales, arzobispos o instituciones religiosas (como catedrales o conventos notables).
Solían completar sus ingresos con la edición y venta de sus propias obras impresas. En
todos los casos eran intérpretes que tocaban y dirigían sus propias obras, compuestas en
general para las funciones indicadas por su patrón: liturgia, música de cámara, música
ceremonial, etc.

El término barroco se tomó de la arquitectura, donde designaba algo «retorcido», una


construcción «pesada, elaborada, envuelta» (el término original describía una perla
deformada o joya falsa). En el siglo XVIII se usó en sentido peyorativo para describir las
características del género musical del siglo anterior, que se consideraba «tosco, extraño,
áspero y anticuado».
LAS PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS COMUNES DE LA MÚSICA DE LA
ÉPOCA BARROCA SON:

1. A diferencia del Renacimiento, la música no trata de servir sin más a la palabra,


sino de sobrepasarla, de cantarla “afectivamente”.
2. Se impone el sistema armónico, es decir, la tendencia vertical, no horizontal, como
en el Renacimiento, por lo que las voces tienen una importancia diferente; hay
una principal y las demás sirven de acompañamiento armónico, esto se llama
monodia acompañada.
3. El desarrollo de la armonía tonal, en la que el movimiento melódico de las voces
queda supeditado a la progresión de acordes funcionales, construidos desde el bajo
continuo. El ritmo armónico es rápido (cambio frecuente de acorde).
4. Se emplea la disonancia tanto en las partes fuertes como débiles del compás.
5. La presencia obligatoria del bajo continuo: junto a la línea melódica más grave (el
bajo) se escriben unas cifras que resumen la armonía de las voces superiores. El
bajo continuo era interpretado habitualmente por uno o varios instrumentos
melódicos graves (violoncello, viola de gamba, fagot...) más un instrumento
armónico que improvisaba los acordes (clave, órgano positivo, laúd, arpa,...).
6. El ritmo del propio bajo establece un compás claro y sencillo, muy uniforme,
incluso mecánico.
7. Se busca un ritmo muy marcado, que se llama ritmo mecánico, por sus pulsaciones
fuertes y normalmente repetidas. Por ello el movimiento se convierte, como en
pintura, en uno de los elementos vitales de la música barroca.
CARTAS DE SAN PABLO

Tras los libros de carácter histórico-narrativo el canon del Nuevo Testamento


presenta los escritos sagrados que exponen la saludable fuerza de la obra divina de
Cristo y aplican su doctrina a las circunstancias de los cristianos en la sociedad en
que viven. En otras ocasiones también desarrollan teológicamente el núcleo original
de la revelación de Jesús. Entre estos escritos destacan las cartas -14 en total- cuyo
remitente lleva el nombre de san Pablo o, como en el caso de la Carta a los Hebreos,
muestran el influjo y la autoridad de este Apóstol.
Conocemos bien la figura de San Pablo por sus cartas y por el libro de los
Hechos de los Apóstoles. Natural de Tarso recibió una amplia formación en el
judaísmo y en el helenismo. De temperamento apasionado, entregó por completo su
vida al servicio de sus convicciones, primero fariseas, después cristianas. Tras su
conversión hacia mitad de la década de los 30, pasó un tiempo en Damasco y un
periodo de retiro en Arabia. Seguidamente, acudió a visitar a los Apóstoles en
Jerusalén. Hacia el año 43-44 marchó a Tarso y más tarde a Antioquía de Siria
anunciando el Evangelio y dando testimonio de su fe cristiana. Desde esta ciudad,
durante los años 45 a 58, llevó a cabo tres grandes viajes apostólicos por Chipre,
Asia Menor y Grecia, estando también presente en el Concilio de Jerusaén hacia el
año 49/50. En el año 58 fue arrestado en Jerusalén y conducido a Cesarea Marítima
desde donde fue conducido prisionero hacia Roma. Llegó a la ciudad eterna en la
primavera del 61 y tras unos dos años de cautividad parece que realizó otros viajes a
Asia Menor, Creta, Macedonia y muy probablemente también a Hispania. En el año
64 o 67 muere mártir en Roma.
San Pablo fue elegido por Dios para anunciar la salvación de Cristo a los
gentiles. Lo que escribe en sus cartas no es un sistema de ideas o un cuerpo teológico
ordenadamente construido, sino la vivencia del misterio de Cristo, que él quiere
difundir por todo el mundo y que expone a las comunidades o personas a las que
escribe. Para esa finalidad se vale de todos los recursos literarios y argumentativos a
su alcance. San Pablo sólo tiene un propósito: anunciar el Evangelio de Jesucristo
que es «fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree...». Esta será la doctrina
que irá exponiendo en cada una de sus cartas desde distintos puntos de vista,
atendiendo siempre a la situación y mentalidad de los destinatarios. El núcleo
fundamental es en todas ellas el mismo: Jesucristo es el salvador del hombre y del
mundo, de todo hombre -judío o gentil- y de la entera creación, incluso a nivel
cósmico.
Su doctrina nos ha quedado plasmada en sus cartas, que por su tono personal,
con los saludos, despedidas, recomendaciones, etc., pueden considerarse cartas
familiares. Al mismo tiempo contienen exposiciones doctrinales más o menos
desarrolladas que a veces se asemejan más a un tratado que a una carta. En cualquier
caso, de una forma u otra quieren fortalecer la fe de sus destinatarios.
La Iglesia ha recibido esas cartas como divinamente inspiradas, fuente de la
Revelación cristiana, de valor permanente, a la vez que las tiene como preciosos
testimonios sobre la vida y el pensamiento del Apóstol, de sus colaboradores y de las
primeras comunidades cristianas.
El epistolario paulino se suele agrupar del siguiente modo: las cartas más
antiguas (1 y 2 Tesalonicenses); las que presentan una unidad de estilo y doctrina,
que reflejan la situación del Apóstol en los años 57-58, llamadas «grandes cartas»
(Romanos, Gálatas, 1 y 2 Corintios); las que fueron escritas estando San Pablo en
cautividad (Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemón); y, finalmente, las enviadas a
dirigentes o «pastores» de iglesias concretas, llamadas por ello «cartas pastorales»
(1 y 2 Timoteo y Tito).

Estas cartas son verdaderamente cartas, no tratados teológicos, en las que se plantean
los problemas de dichas comunidades y las relaciones entre sus miembros, así como
con el apóstol.
Tradicionalmente se atribuían a San Pablo las siguientes cartas: a los Romanos, 1-2
Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1-2 Tesalonicenses, 1-2 Timoteo,
Tito, Filemón, Hebreos. Hace ya bastante tiempo dejó de atribuírsele la carta a los
Hebreos. De las restantes, hoy se consideran auténticas: Romanos, 1-2 Corintios,
Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses (probablemente también la 2ª) y Filemón. Todas
las cartas auténticas de Pablo fueron escritas entre el año 50 y el 63, por tanto, antes
del primer evangelio.
Las demás son consideradas de la escuela paulina, es decir, de discípulos suyos; se
las suele llamar deutero-paulinas.