You are on page 1of 13

La escucha de nosotros 1

LA ESCUCHA DE NOSOTROS

SEÑOR TÚ ME SONDEAS Y ME CONOCES:

Comenzamos orando el salmo 139

Podríamos haber comenzado también con unos minutos de silencio, (no hay
nada como el silencio para la escucha. Dice Pitágoras: “Escucha y serás sabio; el
comienzo de la sabiduría es el silencio) pero hemos elegido este salmo porque puede
ponernos en la pista de lo que vamos a tratar.

En este salmo, el orante, reconoce con emoción y estremecimiento el


conocimiento que de él tiene Dios. Se sabe y se siente totalmente conocido por Dios:
“Tanto saber me sobrepasa, es sublime y no lo abarco”. Desde incluso antes de nacer, en
el seno materno “conocías hasta el fondo de mi alma” “Y cuando en lo oculto me iba
formando... tus ojos veían mis acciones”. Y termina diciendo: “Señor, sondéame y
conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos...”
Pero, cómo…! ¿No decía que ya Dios le sondeaba y conocía enteramente y
desde siempre? ¿No decía que tus ojos veían mis acciones? Cómo es que ahora le dice
“sondéame y conoce mi corazón?”
Quizás podemos hacer la siguiente lectura de esos últimos versículos:
“sondéame y conoce mi corazón...”. Podríamos verlo como una invitación que se nos
hace para bucear en las profundidades de nuestro interior, para sumergirnos dentro de
nosotros y llegar a conocernos de la misma manera que Dios nos conoce. El
conocimiento de Dios es un conocimiento comprensivo, misericordioso, lleno de amor.
Aunque Él conoce toda nuestra limitación, toda nuestra pequeñez y miseria; aunque
conoce todas nuestras acciones Él “nos estrecha por detrás y por delante”, “nos cubre
con la palma de su mano”. No va a busca hasta el abismo si allí donde nos encontramos.
Por tanto podríamos hacer la siguiente traducción o interpretación:

Señor, ayúdame a sondearme y a conocerme, ayúdame a escucharme, a bajar a


las profundidades de mi ser, a penetrar los pensamientos y emociones que anidan en mi
corazón.
Ayúdame a escucharme para conocerme. Ayúdame a conocerme para acogerme y
aceptarme y amarme a mí mismo/a como tú me acoges, me aceptas y me amas pues soy
tu hijo/a creado a tu imagen.

LA ESCUCHA EN NOSOTROS

Veíamos cómo este salmo tenía algo que ver con el tema que nos ocupa de La escucha
de nosotros”. Nuestra reflexión hoy trata de la escucha de nosotros mismos. No de la
escucha que hacemos de los otros.
No es un estudio muy elaborado sino unas pinceladas de lo que yo entiendo qué es esto
de la escucha propia y también de lo que yo misma experimento.
La escucha de nosotros 2

1- QUÉ ES ESCUCHARSE:
Escucharse tiene que ver con, estar atentos, estar alerta, estar despiertos, estar
conscientes, estar presentes a nosotros mismos, a nuestro momento, a nuestro aquí y
nuestro ahora.
Escucharse es un ejercicio de consciencia.
Escucharse tiene que ver con auto-observarse: observar mis acciones y reacciones;
mis pensamientos, mis diálogos interiores, mis emociones, mis deseos, mis
sensaciones corporales. Escucharse es por tanto un ejercicio total, holístico, es decir
que abarca todas las dimensiones de mi persona.
Escucharse finalmente viene a ser finalmente reconocerse y aceptarse.

Lo contrario a la escucha sería no estar atentos, vivir distraídos, despistados, vivir


dormidos, de manera inconsciente; no vivirnos a nosotros mismos sino dejar que los
otros o las circunstancias nos vivan. Lo contrario a escucharse sería no estar presentes a
nosotros mismos sino alejados de nuestro centro, alienados...

Sin escucharnos a nosotros mismos no nos podemos conocer y por tanto no nos
podremos reconocer y amar.

Por tanto eso del conocimiento propio no es una cuestión baladí sino de suma
importancia. Nos va la vida en ello. Nos jugamos mucho o todo...

Dice Krishnamurti: “El conocimiento de sí mismo es el principio de la


sabiduría y por lo tanto el comienzo de la transformación o regeneración. El
conocimiento de nosotros no puede dárnoslo nadie, ni habrá de hallase en libro alguno.
Consiste en verse de instante en instante en el espejo de la convivencia, en ver la propia
relación con los bienes, las cosas, las personas y las ideas”.

2- ESCUCHARSE, CONOCERSE PARA...

Por qué y para qué realizamos el ejercicio de la escucha y del conocimiento propio.
Escucharse, conocerse para

2.1- Escucharse, conocerse, para ser auténticos, para ser nosotros mismos frente a
la inautenticidad. Desde pequeños se nos ha educado con criterios que con mucha
frecuencia no nos han llevado a ser nosotros mismos, valorándonos no tanto por lo que
somos sino por lo que hacemos, por nuestro rendimiento siempre en comparación con
los demás.
La autenticidad tiene que ver con la sencillez, surge después de haber eliminado lo
complejo.

2.2- Escucharse, conocerse para ser verdaderos, frente al hecho de vivir en el


autoengaño, en la máscara. Vivir en la mentira es vivir de una imagen ideal,
autoengañosa de nosotros mismos. Vivir más en nuestra idea que en la experiencia
genuina de lo que realmente uno es, trasladando nuestra vida desde un plano vivencial a
un plano de interpretación intelectual.
La escucha de nosotros 3

Recordemos cuánta importancia da Stª. Teresa al conocimiento propio para “andar en


verdad” pues para ella humildad es precisamente eso, andar en verdad. “Los que no
quieran verdad, mejor los querría yo sin oración”

Más adelante nos detendremos en ella.

2.3- Escucharnos, conocernos para ser personas sanas psicológica y


espiritualmente.
Todos vivimos múltiples conflictos interiores. Sin conocernos es muy difícil reconocer
el origen de estos conflictos y poderlos resolver.
Una persona que se escucha puede reconocer sus heridas y encontrar en sí mismo la
fuente de esa sanación. Y lo mismo que en el plano psicológico en el plano espiritual. El
desconocimiento de sí lleva a una espiritualidad insana, evasiva, alienante. Hará de Dios
proyecciones de sí mismo.

2.4- Escucharnos, conocernos, para ser personas interiores, profundas y no


personas superficiales. No estamos huecos por dentro pero eso sólo podemos saberlo
cuando buceamos en nuestro interior.
Escucharnos para ser verdaderos espirituales. Para no vivir del exterior, para no vivir de
fuera hacia dentro sino a la inversa de dentro hacia fuera. El yo interior es la fuente de
toda capacidad de conocimiento. El exterior nos proporciona los datos de la realidades
de fuera, nos presenta hechos pero la capacidad de comprender la verdad es un proceso
que nace de lo profundo de uno mismo.

2.5- Escucharnos, conocernos para ser libres: “La verdad os hará libres” “Para ser
libres nos liberó Cristo”.
Sin el conocimiento propio podemos ser como veletas que se mueven a merced de
todos los vientos que soplen. Sin conocernos viviremos con apretura.
Se trata de ser libres frente a los otros, de no tener que estar permanente actuando en
función de las expectativas ajenas y también libres frente a nosotros mismos frente a
nuestro ego, que es el mayor de nuestros enemigos. S. Juan de la Cruz tiene que
decirnos mucho en este sentido porque él es un maestro de la libertad. (En una de sus
cartas dice algo así como “Dios nos libre de nosotros mismos”)

2.6- Escucharnos, conocernos para comprendernos interiormente, acogernos y


aceptarnos tal como somos, con nuestras virtudes y limitaciones, con nuestros dones y
nuestras pobrezas y heridas.
Sin conocernos viviremos de la ilusión, de tal manera que no podemos amar nuestra
propia realidad sino la idea que de nosotros mismos nos hemos hecho. Se trata de
acogernos y amarnos en nuestra verdad. Amarnos como Dios nos ama.

2.7- Escucharnos, conocernos para aceptar y amar a los otros en su verdad, tal
como son, y no como nosotros querríamos que fuesen.
Sin el conocimiento y la aceptación propia (ya lo hemos dicho anteriormente) es difícil
aceptar a los otros y quererlos tal como son.
Cuando nos conocemos a nosotros mismos nos volvemos más humildes, más humanos,
más comprensivos, más tolerantes, amables y cercanos con todos porque en los defectos
La escucha de nosotros 4

de los demás veremos también los nuestros. Seremos capaces de amar menos por
interés y más gratuitamente.

2.8- Escucharnos, conocernos para vivir abiertos a lo trascendente. Para abrirnos


a Dios.
Es aquí donde vamos a detenernos un poco más en la palabra de Stª Teresa porque tiene
que decirnos mucho.

Para Teresa de Jesús el conocimiento propio es fundamental en el camino hacia Dios.


Porque este camino ha de hacerse en humildad que según ella no es sino “andar en
verdad”. Así aparece en sus obras: Vida, Camino, Moradas

Todos sabemos como en el libro de las Moradas nos presenta el recorrido interior de la
persona hasta llegar a ese centro donde nos unificamos y nos dejamos encontrar
totalmente por Dios, ahí alcanzamos la plenitud en el amor, la plenitud de la vida en
Dios.
Y este camino, parte del propio conocimiento y no llega a su fin sin este conocimiento
propio en todo momento.
Stª Teresa viene a decirnos que esto es básico porque la vida cristiana no puede estar
fundada en la irrealidad. Este camino bucea sin miedo hasta el fondo, devolviéndonos a
la verdad, desechando las máscaras.
Sería interesante detenernos en algunas moradas especialmente de la I a la III Morada
en que se adquiere la virtud de la humildad tras haber desenmascarado nuestra fachada.
Es ahí donde se nos invita a dejarnos desnudar, a aceptar la totalidad de nuestra historia
de la mano de Jesús.

Para no detenernos demasiado vamos a citar algunos textos de Stª Teresa que van en
esta línea:

Es gran cosa el propio conocimiento” (1M, 1.2)

Que esto del propio conocimiento es el pan con el que todos los manjares se han
de comer (6M 13,.15)
No conviene hacer el propio conocimiento ratero y cobarde

Una vez estaba yo considerando por qué razón era Nuestro Señor tan amigo de
esta virtud de la humildad, y púsome delante, a mi parecer sin considerarlo, sino
de presto, esto; que es porque Dios es suma verdad y la humildad es andar en
verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y
ser nada y quien esto no entiende, anda en mentira (6M,1)

Cuan diferentemente se inclina nuestra voluntad a lo que es voluntad de Dios.


Ella quiere queramos la verdad, nosotros queremos metira (Camino...?)

Y tengo por mayor merced del Señor un día de propio y humilde conocimiento,
aunque nos haya costado muchas aflicciones y trabajos, que muchos de oración
(Fundaciones 5,16)
La escucha de nosotros 5

Después de lo que hemos visto hemos caído un poco más en la cuenta de la importancia
de la propia escucha.

3- CÓMO PODEMOS HACER ESA ESCUCHA:

Hemos dicho que la escucha es un ejercicio de atención, de consciencia, de


autoobservación. Consiste en convertirnos en testigos de nosotros mismos, de nuestro
acontecer vital.

Podemos OBSERVAR:

3.1- Nuestras acciones: Podemos preguntarnos: qué es lo que he hecho, cuáles son las
motivaciones reales que me han llevado a actuar así y no de otra manera.

3.2-Nuestras reacciones: algunas veces tenemos reacciones espontáneas inesperadas,


que a nosotros mismos nos sorprenden. Reacciones que en ocasiones pueden llegar a ser
desproporcionadas: un llanto, una reacción agresiva etc. Este tipo de reacciones son
fuente importante de información acerca de nosotros mismos si sabemos escucharlas y
no las rechazamos. Pueden revelar lo que en nosotros está oculto. Ponen de manisfiesto
una “herida”, herida psicológica, afectiva, o bien ponen al descubierto nuestra sombra,
aquello que está reprimido en nuestro inconsciente. (Más tarde hablaremos un poco
más de la sombra)

3.3- Nuestros pensamientos


Nuestra mente constantemente está trabajando. Está llena de pensamientos. Casi
continuamente mantenemos un diálogo interno. Es difícil tener la mente callada,
quieta, tranquila (incluso durante el sueño está en activo) Sólo en estado de relajación,
profunda, de meditación no discursiva, de oración contemplativa... (en lo que llaman
estados alfa...)conseguimos tener una mente aquietada. Según los antiguos monjes, dice
Anselm Grün,1 los pensamientos se expresan en frases que nos exhortan a hacer algo o
que nos sugieren un juicio sobre una persona o una situación. Por tanto podemos
transformar la mayoría de los pensamientos en palabras. Sin querer escucharlas ciertas
palabras nos incitan a hacer algo o a tener una determinada actitud.

Es bueno observar mis pensamientos. Lo primero que tengo que hacer dejarlos aflorar,
dejarlos fluir sin rechazarlos, sin reprimirlos y sin juzgarlos y luego dirigirme
directamente a ellos. Si son negativos examinarlos, preguntar por las necesidades y
deseos que están escondidos en su interior. Tengo que descubrir la energía dormida en
esos pensamientos o empezar un diálogo con ellos, quitarles la agudeza, girarlos en otra
dirección y conseguir de esa manera que esos pensamientos se tranquilicen. Es
importante aprender a dialogar con mis pensamientos.
Pero también puede ocurrir que después de haberlos dejado salir tenga que detenerlos
desde el principio para que no me invadan, para que no entren en mi corazón porque son
vanos. 2
Observar los pensamientos significa situarme ante ellos con una cierta distancia
que me permita verlos objetivamente, sin identificarme con ellos. Yo pienso tal o cual

1
Anselm Grün: Autosugestiones. Ed. Descleé
2
ibidem
La escucha de nosotros 6

cosa, pero yo no soy mis pensamientos. Los pensamientos además son susceptibles de
ser modificados como veíamos mediante el diálogo con ellos.

Hay pensamientos de los cuáles somos conscientes. Algunos de ellos los traemos
nosotros mismos conscientemente a nuestra mente. Otros no los traemos nosotros por
nuestra propia voluntad, nos vienen ellos solos pero nos hacemos conscientes de ellos.
Me doy cuenta de lo que estoy pensando. Pero hay otro tipo de pensamientos que nos
vienen de manera espontánea y muy rápida, pasan por nosotros como una flecha y a
penas los percibimos, a penas nos hacemos conscientes de ellos. Son lo que se llaman
pensamientos automáticos. Es importante aprender a escuchar estos pensamientos
porque también son una fuente importante de información sobre nosotros mismos.
Los hay obsesivos que vienen una y otra vez y no nos los podemos quitar de encima. En
algunos casos es porque nuestra mente por naturaleza es obsesiva y necesita siempre
estar enganchada a algo, pero otras veces si se repiten de manera reiterativa unos
pensamientos concretos es porque hay algo ahí en lo que hay que detenerse, algo que
está reclamando mi atención y hasta que no lo escuche y lo trabaje, no me va a dejar en
paz. Importante no permitir que los pensamientos obsesivos se apoderen de uno. Se trata
de que uno pueda ser dueño de sus pensamientos y no que los pensamientos sean dueño
de uno.
Otra forma de pensamientos son las autosugestiones: son cosas que nos decimos a
nosotros mismos con frecuencia y que determinan una conducta que puede ser positiva
o negativa: por ejemplo si yo me digo continuamente “soy un desastre” “no valgo para
nada” ...pues efectivamente acabaré siendo un desastre...
Pero hay también autosugestiones de signo contrario que nos pueden influir muy
positivamente.

Nuestros pensamientos, las ideas que anidan en nuestro interior se basan en creencias.
(No nos referimos ahora a creencias religiosas). Estas ideas pueden ser racionales o
irracionales (Según Ellis): por ejemplo, una idea irracional sería pensar que es una
necesidad para la persona adulta ser amado por prácticamente cada persona significativa
de su comunidad.
Otra idea irracional sería la idea de que es horroroso y catastrófico ver que las cosas no
son como uno quisiera que fueran, o que la felicidad tiene una causa externa.

Estas ideas según sean racionales o irracionales originan pensamientos y estos


pensamientos a su vez unas emociones que serán positivas o negativas en función de
que el pensamiento sea positivo o negativo. Tenemos por tanto la posibilidad de
sustituir nuestras ideas irracionales por otras que nos lleven a pensar más positivamente
para ser más felices.

Vamos a poner ahora un ejemplo concreto de cómo podemos hacer una escucha de
nosotros mismos:

Ante una preocupación o problema que se me resiste y que puede llegarse a convertir
en una obsesión podemos preguntarnos:

- Desde qué puntos de vista lo estoy contemplando


- Cuáles son las creencias en las que estoy basando mi interpretación de los
hechos (racionales o irracionales según Ellis)
- Cuál es la conversación, el diálogo interior que mantengo acerca de ello
La escucha de nosotros 7

- Qué postura personal adopto frente a eso


- Qué emociones me despiertan esas interpretaciones
- Cuál es el espacio disponible para la acción que me dejan esos juicios.

Responder a estas preguntas me colocará en posición de observador de mis propios


puntos de vista. Puedo darme cuenta de que mis puntos de vista habituales pueden ser
ampliados, modificados etc. y puedo transitar nuevos espacios.
Si me convierto en observador de mí mismo, puedo llegar a darme cuenta de lo que
normalmente no me doy cuenta y por lo tanto puedo cambiar de mentalidad.

3.4- Nuestras emociones: He de observar mis emociones. Emociones como la alegría o


tristeza; entusiasmo/miedo, gratitud/enfado, orgullo/culpa, placer/dolor, asombro/abulia
y otras emociones como la envidia, el enojo, los celos, o la confianza.

Y cuando decimos observar, estamos diciendo observar, no juzgar que es bien distinto.
Al igual que los pensamientos se trata de convertirme en testigo de mí mismo; situarme
a una cierta distancia y ver qué sucede, sin juzgarme, sin hacer valoraciones.

Ante un sentimiento incómodo yo puedo reaccionar de dos maneras: o bien


machacarme a mí mismo por lo que estoy sintiendo, ponerme pingando (y entonces
echar más leña al fuego añadiendo además un sentimiento de culpabilidad) o bien
preguntarme: ¿Por qué estoy sintiendo esto? ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué fibra dentro de mí
ha sido tocada? Es evidente que la actitud más sana es esta última frente a la primera.

Ante cualquier emoción positiva o negativa yo observo, y la acojo sin juzgarme y me


pregunto sobre lo que esa emoción me está diciendo acerca de mí.

No se nos ha educado para acoger y aceptar nuestras emociones negativas sino a


rechazarlas, esquivarlas, negarlas...y esto es un error porque todo, absolutamente todo
forma parte de nosotros; si negamos este tipo de emociones nos estamos también
negando a nosotros mismos. Además las emociones que negamos se vuelven contra
nosotros y tarde o temprano saldrán de una forma mucho más virulenta y nos harán
daño porque quedan sin resolver los conflictos que hay debajo de tales emociones. Dice
un proverbio tibetano que “todo lo que niego me somete y todo lo que acepto me
transforma” y así es.

Aceptar algo en mí no quiere decir identificarme con ello. Se trata de desidentificarnos


de nuestros pensamientos y emociones. Yo puedo tener sentimientos negativos pero yo
no soy lo que siento. Simplemente integro ese sentimiento sin identificarme con él.

Ojo! Los sentimientos no son moralizables. Los sentimientos no son ni malos ni buenos,
son simplemente sentimientos. Otra cosa es lo que yo haga con ellos. Si yo tengo un
sentimiento de enfado, de furia, y parto la cara al que tengo delante eso es otra cosa,
pero por sentir no pasa nada.

Si yo siento envidia no pasa absolutamente nada. Otra cosa es que yo lance mi envidia
como un proyectil sobre la persona o personas que son objeto de esa envidia. Eso
naturalmente no vale.
La escucha de nosotros 8

Los sentimientos que no acogemos por negativos y dolorosos y difíciles de aceptar que
sean si los negamos se vuelven contra nosotros y proyectaremos esos sentimientos sobre
los otros y de esta manera nos haremos daño a nosotros mismos y a los otros también
les agrediremos.

Nadie dice que el camino de la aceptación de uno mismo sea sencillo; al revés es un
camino costoso, y a veces muy doloroso; requiere mucha sinceridad y honradez e
incluso valor, pero es un camino de liberación.

Los criterios morales que están en la base de la educación que muchos de nosotros
hemos recibido tanto en el ámbito familiar como en la iglesia nos han enseñado todo lo
contrario. Se nos han presentado grandes ideales, lo cual no está mal, a fin de cuentas
ser cristiano tiene mucho de utópico, pero con tanto querernos acercar al ideal hemos
despreciado lo real en nosotros y nos hemos construido de manera falsa, de tal manera
que tiene que venir Dios o la vida a desmontarnos el chiringuito que nos hemos
edificado para hacernos personas nuevas y veraces.

Por ejemplo, se nos ha dicho: “como estamos en Navidad o en Pascua hay que estar
muy alegres...” y a lo mejor resulta que yo estoy viviendo por dentro un viernes santo.
Pues tengo derecho a estar triste; tengo derecho a sentir lo que siento, tengo que
permitirme vivir esa emoción. Otra cosa es que yo me recree y me regodee con mi
tristeza y no tenga ganas de salir de ella, y la de vueltas y vueltas. Una cosa es la alegría
como actitud y otra cosa es la alegría como emoción y yo en un momento dado puedo
sentir una emoción que parece que no va acompasada con la situación externa de la que
participo.

Otro ejemplo: tengo un cabreo impresionante con una persona o incluso siento odio por
alguien. Pero mi moral cristiana me dice que tengo que ser bondadoso, que no puedo
odiar, que tengo que amar siempre incluso a mis enemigos, entonces no me permito a
mi misma tener ese sentimiento de enojo, o incluso odio. Si yo no acepto ese
sentimiento y me miento a mí misma diciendo que yo no siento eso ¿qué sucederá
entonces?. Pues sucederá que proyectaré ese sentimiento sobre la otra persona, y me
diré a mi mismo que soy yo el objeto del enfado o del odio del otro (cuando en realidad
soy yo la que lo siento, mientras que al otro no le pasa conmigo absolutamente nada).
Puede ocurrir, y esto es muy frecuente, que muy sutilmente, sin casi darme cuenta
tendré un comportamiento agresivo con la otra persona, pero de manera muy disfrazada,
muy oculta. Dejaré caer palabritas, cositas y tendré actitudes nada buenas contra esa
persona, así como quien no quiere la cosa, pero ahí quedan....y lo peor de todo que no
me doy cuenta de lo que hago, del daño que estoy haciendo y que me estoy haciendo.
Vosotros mismos habréis observado este comportamiento en vuestras comunidades,
familias etc.
En cambio, si yo me doy cuenta de lo que siento y lo acojo y lo acepto por mucho dolor
que me cueste verme así, sintiendo eso que no quiero, pues ese sentimiento puede ser
transformado, y yo misma acabaré dejándome transformar. El enojo puede
transformarse en una actitud tolerante y lo mismo el odio puede transformarse en amor.
Pero en un amor real, no ficticio o ilusorio.

Cito el libro de una autora llamada Alicia Chávez y cuyo título desconozco que dice
así: “Así de maravillosa es la verdad, así de sorprendente es el cambio de sentimientos y
comportamientos que podemos experimentar cuando la reconocemos. “La verdad os
La escucha de nosotros 9

hará libres” y reconocer no quiere decir que haya que gritarla a los cuatro vientos para
que todo el mundo se entere; reconocerla significa que te expreses a ti mismo, es una
autoconfesión y sólo si lo deseas lo puedes compartir con otro ser humano”. Se trata de
hacernos transparentes a nosotros mismos.

A veces no somos nosotros sino los otros los que no nos permiten sentir lo que
sentimos: “Va, hombre, no es para tanto, no te angusties...”. A veces debajo de estas
actitudes como estas, lo que se está haciendo es ocultar la propia angustia. No quiero
que el otro sienta angustia porque entonces se destapa la mía propia y es mejor dejarla
calladita.

El camino que hay que hacer es un camino de integración. De esto tiene bastante que
decirnos Stª. Teresita. En una época en que el ámbito religioso predomina el rigorismo
del jansenismo, Stª. Teresita nos muestra su forma de entender la santidad no como una
“blancura inmaculada” sino como la aceptación e integración de lo negativo para acoger
la misericordia de Dios. Esto fue una novedad muy grande en su época y aún hoy lo es
para nosotros.
Escuchemos algunas palabras suyas:

“He de soportarme a mi misma tal y como soy con todas mis imperfecciones” (Ms C F2
vto).

“Lo que agrada a Dios es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega
que tengo en su misericordia...He aquí mi único tesoro” (Carta 17-9-1986)

“Tengo debilidades pero me alegro de ellas. No estoy siempre tampoco por encima de
las nadas de la tierra. Por ejemplo me da rabia una tontería que haya dicho o hecho.
¡Ay!, estoy en el mismo sitio que antes. Me digo con dulzura y sin tristeza. Es tan dulce
sentirme débil y pequeña” (Cuaderno amarillo 5-7)

En otra carta de 1980 dice que es en esta aceptación de sí misma donde está la “paz y el
descanso del corazón”.

Pero si algo hay que escuchar juntamente con todo lo anterior que hemos dicho eso es

3.5- Nuestro cuerpo: Tal vez debiéramos haber empezado por aquí porque el cuerpo es
lo más cercano, lo más inmediato. El cuerpo es esa realidad nuestra que no engaña y que
por tanto hay que aprender a escuchar.

Nuestra aproximación a la cultura greco-romana ha ocasionado el que se haya dado


demasiada importancia a todo lo mental y racional y hemos acabado heredando un
distanciamiento y hasta un desprecio hacia nuestro propio ser corporal.
Tradicionalmente se hacía una distinción entre cuerpo y alma, pero en realidad somos
una unidad y de esta concepción debemos partir.
Nuestro cuerpo no es una simple envoltura (digamos el soporte del alma) o con un
ejemplo no es como la corteza del árbol, sino que es el lugar esencial de la vida y de su
manifestación y expresión. Nuestro cuerpo es el medio de comunicación, de comunión
La escucha de nosotros 10

con los otros, con el mundo. La persona comulga con el mundo circundante por medio
del cuerpo. También por medio de su cuerpo se siente la persona humana en comunión
con el mundo espiritual3
Todo el sustrato mental, todo el conjunto de emociones que experimentamos se hacen
presentes y se expresan en nuestro cuerpo y por medio de nuestro cuerpo. Todos los
impactos emocionales se han sentido y grabado en las diferentes partes de nuestro
cuerpo dando lugar a diferentes tensiones, dolencias o molestias. En nuestro cuerpo
queda grabado incluso el trauma del nacimiento, el impacto de las primeras horas de
vida, y aún más la vida en el útero materno (estudios científicos así lo atestiguan).

Un ejemplo clarísimo de cómo el mundo emocional se refleja en nuestro cuerpo es el


sentimiento de angustia. La angustia antes que un estado mental es sobre todo una
sensación corporal que percibimos en la garganta, en el pecho, en el abdomen...Todos la
hemos experimentado alguna o muchas veces.
Es frecuente que el stres y los conflictos interiores se hagan presentes en nuestro cuerpo
en forma de contracturas musculares: en el cuello, los hombros, la espalda...¿quién no
ha necesitado algún masajito....?.

A veces tenemos dificultades en sentir nuestras emociones. Estamos desconectados de


ellas (Algunas personas tienen verdaderas dificultades porque desde su infancia se
hayan visto obligados a reprimirlas o por la razón que sea) Si no somos capaces de
conectar con las emociones lo que sí ocurrirá es que éstas las acabemos sintiendo a un
nivel puramente físico como un problema o un síntoma
Nuestro cuerpo es un fiel reflejo de nuestra mente así, si existe un conflicto entre ambas,
entre lo que la mente me dice y lo que experimento en mi cuerpo, es la mente la que
miente y el cuerpo el que me dice la verdad. No la verdad última de mi identidad real,
sino la verdad relativa de mi estado mental en ese momento.4

El cuerpo hemos dicho, no me engaña. Mi mente puede decir que todo está bien, que no
me pasa nada, y sin embargo mi cuerpo siente ansiedad, o tengo una jaqueca tremenda...

Observando nuestro cuerpo y lo que en él se refleja podemos adquirir el hábito de


preguntarnos: ¿qué está pasando dentro de mí en este momento? y esta pregunta me
orientará en una dirección correcta. No se trata fundamentalmente de analizar sino
sobre todo de observar. De enfocar nuestra mirada, nuestra atención hacia dentro.
El cuerpo se expresa a través de sensaciones. Mientras los pensamientos o las
emociones residen en la mente (aunque se reflejen en el cuerpo), las sensaciones es algo
puramente corporal que puede revelarnos aquello que se le oculta a la mente consciente.

Nuestro cuerpo es el hogar que habitamos en esta vida. El cuerpo es el templo sagrado
donde todo nuestro misterio se despliega u oculta (no olvidemos que con el cuerpo
también podemos engañar, ocultar) Nuestro cuerpo es templo sagrado porque en él
habita el Espíritu Santo, es decir Dios mismo. Por eso dice S. Pablo “No sabéis que sois
templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? (1 Cor 3,16)

El cuerpo es la vasija donde podemos experimentar el gozo, el placer, el abandono...


Podemos decir que el cuerpo es nuestro más refinado instrumento para interpretar
nuestra propia melodía, para bailar la danza de la vida.
3
Siro López: Dios también baila (artículo)
4
Eckhart Tolle: El poder del ahora. Ed. Gaia
La escucha de nosotros 11

Hay mucha sabiduría en nuestro cuerpo que en nuestra cultura está totalmente anulada a
favor de la cosmética del cuerpo.

La escucha abierta y relajada de nuestro propio cuerpo puede ser la llave que nos abra al
descubrimiento de poderosas emociones y recuerdos que han quedado reprimidos en
nuestro esfuerzo de adaptación y supervivencia, frente a experiencias dolorosas en
nuestra vida.

La escucha de nuestro propio cuerpo puede ser un espacio de sanación emocional y de


reapropiación de nuestra vida desde ese elemento tan básico que es el cuerpo.

Hay en el inconsciente un permanente fluir de momentos de vida. En determinadas


situaciones, estas escenas inconscientes pasan a primer plano manifestándose con fuerza
en nuestras actitudes. Al escuchar nuestro cuerpo pueden salir a la luz eso que está en el
inconsciente de tal manera que podamos actuar sobre eso, trabajarlo comprenderlo
aceptarlo y trascenderlo.5

Por lo que estamos viendo nos damos cuenta de que la escucha, nuestra escucha no sólo
debe dirigirse a la parte consciente de la persona, a los pensamientos o razonamientos,
sino también a la parte inconsciente. Y la escucha del cuerpo dará lugar a que todo lo
que en mi es inconsciente salga a la luz de la consciencia.

Y hablando del inconsciente sería muy interesante que abordáramos el tema de la


sombra, aunque no nos vamos a detener porque esto requeriría mucho tiempo con el que
no contamos.
Simplemente decir que la sombra es esa parte de nuestra personalidad que reprimimos
porque entran en conflicto con el modo en que desearíamos vernos. Si aspectos de
nosotros mismos tales como la sexualidad, la ira, la ambición o la creatividad por
ejemplo no encajan con la autoimagen pretendida, quedarán relegados a la sombra.
La sombra es el polo opuesto a nuestra personalidad consciente. Cada uno de nosotros
posee un yo ideal, un retrato de la clase de persona que creemos que deberíamos ser.
Esta imagen idealizada está formada en buena parte a partir de experiencias familiares y
culturales tempranas. Cuanto más nos identifiquemos con ese “yo ideal”que
pretendemos ser, con esa “máscara”con ese “yo público” más oscura será nuestra
sombra6
Una sombra que emerge en determinadas circunstancias y que con una buena escucha
de nosotros mismos podemos reconocer y trabajar

Pero esta cuestión tan importante lo abordaremos más despacio en otra ocasión.

Siguiendo con la escucha del cuerpo nos hacemos la pregunta: ¿Cómo podemos hacer
una escucha corporal?.

Puede ser algo tan sencillo como ponernos en silencio, en una postura cómoda, respirar
hondo (a poder ser con respiración abdominal, diafragmática) y observar tranquilamente

5
http://spicologiadelcuerpo.com
6
Wilkie Au – Noreen Cannon: Anhelos del corazón. Desclée De Brouwer
La escucha de nosotros 12

lo que pasa, lo que percibo, el conjunto de sensaciones que están presentes, sin juzgar,
observando sin más y acogiéndolo todo con respeto y amabilidad.
También puedo hacerme la pregunta que decíamos antes: ¿qué está pasando en mí en
este momento?.

Si queremos hacer una escucha corporal más profunda podemos ayudarnos de técnicas y
de terapeutas que orienten esa escucha y que nos ayuden a interpretar lo que en nuestro
cuerpo acontece.
Hay distintas terapias que utilizan las técnicas corporales como estrategias de
conocimiento entre éstas está la llamada Bioenergética y también el Focousing. Esta
última es una aportación del filósofo existencial y psicoterapeuta Eugene Gendlin
(Viena 1926) afincado en Estados Unidos. El Focousing es un proceso de
autoconciencia y curación emocional corporalmente orientado. El proceso de enfocar,
de encontrar esa “sensación sentida” que todos tenemos en nuestro cuerpo que sabe
muchas cosas de nosotros.

4- EL LUGAR DE LA ESCUCHA

¿Cuál sería el lugar de la escucha?

La vida misma es el lugar idóneo para escuchar, en medio de nuestros quehaceres y


avatares, en nuestro aquí y en nuestro ahora es donde hemos de estar atentos y
despiertos, conscientes, presentes a nosotros mismos.
Las relaciones con los otros, con quienes convivimos es una fuente importante de
información sobre nosotros mismos porque en las relaciones se despliega mucha vida y
mucha fuerza emocional. Los otros son lugar de encuentro profundo y también de
conflicto.

También es importante tener a personas que nos ayuden en nuestra escucha interior.
(Cuatro ojos ven más que dos). Personas que nos brinden su escucha con el fin de
ayudarnos a discernir y a descubrir nuestra verdad. Puede ser una esposo o esposa, un
amigo o amiga, o bien una persona más especializada en la escucha como un
acompañante espiritual o un psicoterapeuta.
Somos nosotros los que vamos a hacer esa escucha, los otros sólo nos van a ayudar. Si
nosotros no queremos abrirnos a la verdad y no queremos escuchar, los otros no pueden
hacer nada.

Pero hay además un lugar privilegiado para la escucha que es el silencio. Esa escucha
que tiene lugar en la vida, alcanza su profundidad en el silencio. Hablo de silencio en
dos sentidos: en primer lugar hablo de silencio con minúsculas, silencio físico, ausencia
de ruidos exteriores; silencio que me regalo a mí misma y donde me permito ser yo
misma, silencio en que dejo que todo surja, que todo emerja, que todo fluya sin
detenerlo, sin rechazarlo, acogiéndolo todo.

Pero junto a este ejercicio silencioso por mi parte, donde yo soy el protagonista, hablo
también de un Silencio con mayúsculas, es decir el silencio hecho oración, apertura a
Dios, ahora es Él el protagonista y quien me conducirá a mi más profundo centro. Si
decíamos al principio que la escucha y el conocimiento propio son imprescindibles para
La escucha de nosotros 13

hacer un camino hacia Dios, no hay que olvidar que Dios es el principal protagonista y
el que toma la iniciativa en mi vida, de tal manera, que El mismo será el que me va a ir
conduciendo a mi verdad, a mi centro y me irá revelando mi verdadero ser, mi
verdadera identidad que no es otra sino la de ser hija suya, hija amada, hijo amado.

5- CONCLUSIÓN:

Después de lo que hemos dichos podemos darnos cuenta de que la escucha propia nos
lleva a hacernos responsables y dueños de nuestra vida, nos lleva a apropiarnos de
nuestra persona, a no vivir alejados sino en contacto con la verdad que nos habita, nos
lleva a centrarnos para luego paradójicamente, descentrarnos, es decir salir de nosotros,
de nuestro centro para ir hacia los otros; adueñarnos, apropiarnos de nosotros mismos
para luego desapropiarnos, es decir desprendernos de nuestro ego, y vivir en apertura
generosa a Dios y a los hermanos y hermanas con quienes nos encontramos en el
camino de la vida.
Es un bello itinerario el que se nos propone, itinerario que va de fuera a dentro y de
dentro a fuera.
Escucharnos, ser nosotros mismos, auténticos, verdaderos, libres, profundos, fraternos,
de Dios...

TERMINAMOS ORANDO:

Escucha las raíces de tu propia escucha


En soledad,
Y, escucha, sobre todo, el sonido de esa soledad,
Cómo estalla en tus oídos.
Escucha las costuras del viento....
Escucha tus palabras manando de las fuentes de la Vida
Escucha el no-sonido de esa caudalosa Fuente.
Escúchate más allá de las mismas sensaciones
Y emociones y palabras y actos.
Escúchate más allá como vacío que sólo puede
Ser colmado en Él. Como vacío que sólo
Puede renacer de Él y en Él.
Escucha, escucha, escucha...cómo eres absorbido por la LUZ
Alguien te envuelve
No pares de escuchar, escucha, escucha, escucha, escucha...

(Adaptación de un poema de Rafael Redondo: aromas del zen )

María Jesús Moreno Rozas