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ESCUELA NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA

Licenciatura en Antropología Física

DIALECTOLOGÍA Y DIGLOSIA EN LA LENGUA ÁRABE


Fernando Ramírez Lugo

Lingüística General
Maestro: Efraín Corona Mendoza

INTRODUCCIÓN

El concepto de dialecto y lengua son frecuentemente confundidos y tomados como sinónimos


en nuestra actualidad. A menudo se utiliza incorrectamente el concepto de dialecto para
referirse a una lengua utilizada por un aislado grupo de personas como si se tratara de una
jerarquización de usos del habla, cuando en realidad todos los hablantes hacemos uso de
algún dialecto particular, que se caracteriza por depender de distintas variables. La mayoría
de las lenguas que aún se usan en el mundo (si no es que todas) tiene más de una expresión
dentro de sus comunidades lingüísticas.

Uno de los varios ejemplos de lenguas que presentan este fenómeno, es el árabe, que
históricamente surge con la escritura del Corán y dentro de la historia, el uso de esta lengua
ha sido de gran importancia, pues es sobre la cual se fundó un imperio que en tiempos remotos
se identificó por una religión y una lengua, unificando así una región que llegó a extenderse
desde el norte de África y sur de Europa, atravesando Asia meridional y llegando hasta las
fronteras de India y China.

El origen y evolución de la lengua árabe es también la historia de un pueblo que a mediante


su relación, logró grandes avances dentro de las matemáticas, la química, la geografía y la
filosofía, mismos que se fueron ocultando con el esparcimiento del cristianismo y el
desarrollo de las Cruzadas. Cuenta con tres variedades principales, el árabe clásico, el árabe
culto y el árabe dialectal, que es propio de cada zona y cuentan con influencia de otros
idiomas que se desarrollaron en conjunto o como resultado de la introducción debido a las
conquistas de los pueblos.

Sin embargo, actualmente los hablantes de la lengua reconocen el prestigio del árabe clásico
e incluso a veces se hace una distinción entre su dialecto y la lengua como dos formas
independientes de comunicarse, originando una situación de diglosia. Por esta gran
diversidad ha surgido incluso una disciplina científica encargada de estudiar estas
variaciones; la dialectología árabe, con el fin de clasificar las diferentes variables a través de
distintos espectros. La presencia de varias lenguas maternas en cada región le da a este
lenguaje una gran riqueza., por lo que el presente trabajo pretende exponer el origen,
diversidad y situación actual de las comunidades del mundo árabe contemporáneo.

ANTECEDENTES

La lengua árabe pertenece a la familia de lenguas afroasiáticas, distribuidas por Oriente


medio, la península arábiga y el tercio norte de África; y dentro de ésta, a la rama de lenguas
semíticas, término utilizado por primera vez en la escuela histórica alemana debido a lo
descrito en el libro del Génesis donde a Sem, hijo mayor de Noé, se le atribuye el origen de
los grupos semitas, en los que se incluyen los hebreos, asirios, sirios y árabes, esparcidos
dentro de la península arábiga y el cuerno de África. En estos primeros pueblos se mantuvo
el uso de distintas lenguas, donde el árabe era utilizado sólo por unas cuantas tribus
principalmente nómadas y con una pobre tradición escrita.

El ascenso del árabe está profundamente relacionado con el progreso del Islam como religión,
pues el Corán, base de la fe musulmana, fue escrito y transmitido en este idioma que incluía
palabras de origen hebreo, farsi, arameo, siriaco, griego y latín que fueron acomodadas al
árabe. Esto ofrecía una visión global del mundo y una serie de diversos temas religiosos y
culturales, ofreciendo un modelo lingüístico con una serie de técnicas de narración y
entonación, además de establecer una escritura ahora determinada.

Fue así el inicio de la lengua en su forma “clásica” donde, a través del mansaje religioso “se
sistematizaron algunas herramientas, como la pausa, casos de concordancia en género y
número, elementos de fonología y grafonomía y otras, que hicieron del árabe una lengua
culta, universal y de prestigio en aras de la necesidad que el imperio islámico demandaba
para su expansión” (Garduño, M. 2012). Se puede observar una expansión sin precedentes si
lo comparamos con las demás lenguas religiosas de la época que son el hebreo, el griego y el
latín.

En este proceso, dada la carencia de herramientas de escritura propia de lo que entonces era
el árabe preislámico, se adoptaron aspectos morfosintácticos de la escritura hebrea y siriaca,
donde la nueva forma se caracterizaría por la escritura de derecha a izquierda y una forma de
letra cursiva, con veintiocho fonemas consonánticos y seis vocálicos.

Es así como El Corán sienta las bases entre el lenguaje árabe y el Islam, que inició una
expansión militar en el año 622 d.C., convirtiéndose en la lengua más hablada de las de su
grupo, expandiéndose más allá de la península arábiga, conquistando territorios no
arabófonos fuera de la Península Arábiga, sometiéndolos e introduciendo sus ideologías,
dando un dominio político, religioso y cultural además de económico, pues mantenían y
ampliaban relaciones de comercio entre los territorios conquistados, adquiriendo también los
conocimientos propios de los pueblos colonizados, conformando un extenso imperio con un
único ritual unificador y sustentador: la religión musulmana, que llegó a ampliarse por el
mediterráneo del norte del Sahara en África y la península Ibérica en Europa y a través de la
Península Arábiga a las fronteras del oriente de India con China.

La identidad que se fue conformando con las conquistas se reforzó con un interés por leer
mejor y mantener la fidelidad al mensaje divino, por lo que el árabe clásico se fue
perfeccionando y así también revitalizando la cultura árabe. El discurso político que daban
los califas (como se denominaba a los gobernantes que ejercían la autoridad en las
comunidades creyentes) tomó una estructura lingüística que codujo a un estallido poético,
filosófico y científico, convirtiéndose en la lengua de cultura por excelencia.

DIVERSIFICACIÓN Y DIALECTOLOGÍA

Se ha mencionado ya la expansión de la fe musulmana y la imposición en los pueblos


conquistados, sin embargo, la cantidad de lenguas que se hablaba en las múltiples
comunidades de la zona; como el persa, el sabeo, el bereber, entre otros, no desaparecieron
por completo, sino que influyeron de distinta forma en la lengua, que en conjunto con la
migración originada por las peregrinaciones propias de la religión dieron origen a una gran
cantidad de dialectos clasificados como “neoárabes”, que serían los antecesores inmediatos
de los dialectos que se usan actualmente en el mundo árabe, entendiendo como dialecto a un
fenómeno lingüístico en el que una éste alude a las formas diferenciales que se pueden dar
en un mismo territorio o al producto de una misma variedad en distintos territorios (Montes
Giraldo, 2001).

Los dialectos neoárabes se han creado a partir de modificaciones estructurales sufridas con
el paso del tiempo y que han sido provocadas además de por préstamos y convergencias e
influencias de otras lenguas, por la evolución natural que sufren todas las lenguas, fenómeno
que en lingüística se conoce como drift.

Estas formas dialectales tienen similitudes entre sí y con el árabe clásico, pero a veces con
distinciones tan grandes que se han llegado a considerar dentro de los hablantes como lenguas
que se desarrollaron de forma independiente. Sobre los orígenes de estos dialectos se
sostienen varias teorías, en una de las cuales, Versteegh considera que parten del empleo de
pidgins entre los colonizadores y los pueblos conquistados.

Según su teoría “los habitantes de los territorios conquistados en Siria, Irak, Egipto y el norte
de África aprendieron una variedad provisional del árabe que los hijos de los matrimonios
mixtos empezaron a tener como lengua materna que más adelante se verían influenciadas por
los hablantes que tenían el árabe como lengua materna” (Medea-García, L. 2017).

Esta cantidad de variantes de la lengua como la complejidad de su estudio ha desembocado


en una disciplina encargada de estudiar el inicio de los dialectos actuales y su origen
histórico, además de sus diversos usos: la dialectología árabe. Tiene sus inicios con la obra
al-Kitāb de Sībawayhi, quien recogió las variedades dialectales procedentes de la Península
Arábiga en tiempos medievales. El nacimiento de esta disciplina tuvo lugar de manera formal
a mediados del siglo XIX cuando se dio una tendencia por estudiar las sociedades modernas
desde un punto de vista antropológico y lingüístico.
Con la expedición Napoleónica en Egipto en 1798 y la colonización francesa en Argelia de
1830 se tuvieron los primeros contactos de la modernidad Europea con el mundo árabe más
allá de los manuscritos, surgiendo la necesidad urgente de crear vocabularios prácticos y
revelando la diferencia existente entre los dialectos árabes orientales y occidentales. “Estas
incursiones fueron muy útiles para que los arabistas europeos comprendieran que las lenguas
utilizadas en estos países para la comunicación eran diferentes de la variedad empleada en la
escritura, único objeto de estudio hasta entonces en algunas universidades del Viejo
Continente” (Ángeles, V. 2011).

Se admite entonces que los inicios de esta disciplina pretendían servir al cargo de los
imperialistas europeos, pero el enfoque fue sustituido por las escuelas francesas y alemanas,
dándole un objetivo antropológico y empezar con la enseñanza de la lengua dentro de las
universidades europeas. No obstante, tanto en Francia como en el resto del continente la
enseñanza de los dialectos árabes seguía siendo secundaria y continuaba estando al servicio
de los textos clásicos.

Al poseer contrastes tan amplios, los dialectos se estudian actualmente a través de criterios
establecidos. El uso de distintas fuentes literarias a comparación de la entonación y prosa de
los hablantes y su contraste con los desarrollados en otras regiones complementan el estudio
y se trata de explicar un origen de acuerdo a parámetros geográficos, cronológicos y
diastáticos.

Uno de los grandes obstáculos de estos estudios es la ausencia de una periodización, como
menciona Medea-García, “contar con periodizaciones a la hora de abordar un análisis
diacrónico no es en absoluto un requisito indispensable. Sin embargo cuando se desarrollan
acercamientos generales y sobre todo, estudios iniciales, resulta esencial contar con una
referencia básica para seleccionar qué periodos históricos deberían incluirse en el análisis”.

El terreno histórico que se aborda al estudiar el origen de los dialectos árabes es tan extenso
y la unión con las lenguas que les dieron forma son tan diversos que abordarlos por completo
de una manera sistemática ha representado una gran dificultad para su entendimiento.
DIGLOSIA Y ACTUALIDAD

El árabe es la lengua oficial en 23 países, entre los cuales figuran los que tradicionalmente
han formado el mundo árabe: Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Sudán,
Líbano, Siria, Jordania, Israel (y territorios palestinos), Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Bahréin,
Catar, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Yemen. A ellos se suman algunos países vecinos
que, aun no siendo estrictamente árabes, utilizan esta lengua como instrumento oficial como
y Djibouti, Eritrea, Somalia, Chad y las Islas Comoras. En algunos de los países el árabe
coexiste con otras lenguas como el francés y el bereber en el Magreb, el kurdo y el turco en
Siria e Irak el persa en Irak y otras. Los países que tienen el árabe como lengua oficial forman
parte de la Liga de los Estados Árabes, fundada en 1945. Desde el año 1974 el árabe es una
de las lenguas oficiales de la ONU y el número de arabófonos nativos está en torno a unos
200 millones de personas.

Como se ha señalado, existen dos variedades principales de la lengua árabe el clásico y el


neoárabe, que es el conjunto de dialectos utilizados en las distintas regiones del mundo
arabófono. El primer caso es el mismo para todos los árabes, donde se procura atenerse a las
mismas condiciones gramaticales y se utiliza para eventos formales o situaciones legales, así
como en la base de la educación, mientras que el dialectal o coloquial difiere entre todas sus
variaciones en pronunciación, vocabularios o gramática, que son aprendidos como la lengua
materna de cada población.

El árabe clásico es utilizado como base de la comunicación entre distintos países, ya que los
modos coloquiales en muchas ocasiones entorpecen la adecuada comunicación entre
individuos procedentes de distintas regiones, mientras que los dialectos se utilizan
meramente en el interior de las comunidades que lo utilizan, dando origen a una situación de
diglosia, término que “refiere a la coexistencia de dos variedades lingüísticas en los usos
propios de una comunidad de hablantes. Una de ellas, la elevada, como la referencia de
prestigio, habitual en escritos oficiales, la lectura, recitación o exposición oral, académica,
etc”. (Grimalt, A.L, 2015).

La existencia de literatura escrita bajo las normas lingüísticas de los dialectos es escasa
debido a la jerarquización de la lengua clásica, que tiene un registro elevado, por encima de
la coloquial, con un registro bajo. n general, el hablante es consciente de la existencia de una
lengua de prestigio que se diferencia de la lengua que usa diariamente, el dialecto. Castaño
menciona, “en el mundo árabe hay una tendencia a minusvalorar el dialecto ya que está
considerado como una corrupción de la lengua estándar, por lo que no hay un interés por
estudiarlo desde un punto de vista científico” (Castaño, A.B., 2015).

Aunque frecuentemente la situación de diglosia no es considerada como un problema, en


ciertas regiones de Egipto y Marruecos se ha originado el uso del árabe dialectal propio de la
zona como única lengua. Cada vez es más frecuente hallar a quien no tiene reparo en
reconocer el desconocimiento de la lengua clásica. La difusión de música y literatura en los
dialectos egipcio y marroquí se ha expandido recientemente. En Marruecos se ha originado
una política que pretende promover el árabe dialectal de la zona como una lengua
independiente, a modo que sea la base de la con el fin de desarrollar la educación y descender
el índice de analfabetismo (Moscoso García, F., 2011).

Contemporáneamente existen dos tendencias que han revolucionado el uso de la lengua árabe
en sus distintas expresiones: los casos que mencionaron con anterioridad, en los que se
pretende sentar las bases de la educación cultural meramente en la vertiente dialectal y la
promoción de la enseñanza del árabe clásico para facilitar el contacto y comunicación entre
los arabófonos provenientes de distintas regiones.

CONCLUSIONES

De manera personal, con este breve ensayo he encontrado una oportunidad de ampliar tanto
mis conocimientos de la situación lingüística de un idioma que me ha apasionado en uso y
riqueza cultural como de facilitar la comprensión de más de uno de los temas que se vieron
a lo largo del curso en mi naciente trayectoria como antropólogo, expandiendo mi visión de
investigador así como una concientización de la curiosidad y la búsqueda como medio para
mi formación.

La lengua árabe ha tenido una historia y avance de gran importancia dentro de la humanidad,
sirviendo en su momento a la unificación y consolidación de una comunidad entera
identificada a través del idioma y la religión, otorgando grandes avances de diversas
disciplinas, a través de la vasta unión de los pueblos que otorgaron dentro de su avance, más
contribuciones a la misma lengua. Esta misma riqueza, sin embargo es lo que ha puesto los
obstáculos en su estudio, dificultando discernir su origen histórico en todas sus variantes.

La cantidad de hablantes de la lengua es una porción significativa del mundo que ha estado
tanto próxima cuanto a su fe se refiere como distante en la eficacia de la comunicación más
allá de las fronteras geográficas, la relevancia de la lengua se refleja en su vasta comunidad
como en la riqueza de su cultura, haciendo de la profundización del idioma un nuevo
menester dentro de la sociolingüística

Dentro de la dialectología árabe aún existen diferentes retos, dentro de lo que cabría destacar
la necesidad de una periodización en la que se pueda comprender el origen de los usos
coloquiales que se desarrollaron, comparándolos con los pueblos que residían en las zonas
conquistadas y sus lenguas, así como el avance del Islam a través de distintas etapas. Resulta
indispensable la objetividad del estudio a los dialectos y sus distinciones entre sí y con la
lengua clásica.

Cabría estudiar las ventajas o deficiencias del uso de los dialectos y de la misma manera con
el árabe clásico, tomando en cuenta las necesidades particulares de cada región así como en
conjunto del mundo arabófono, para hacer una aproximación tanto a la comprensión de la
lengua en sus variaciones con el fin de llegar a la resolución de las deficiencias comunicativas
que han tenido lugar a lo largo de la historia.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Ferrando, I. (2001). Introducción a la historia de la lengua árabe. Zaragoza, España: Nuevas


Perspectivas.

Garduño, M. (2012). “Corán y lengua árabe: entre el dialecto, el árabe medio y el fushà”.
Estudios de Asia y África, XLVII, pp. 153-177.

Medea-García, L. (2017). “Gramaticalización y cambio lingüístico en el árabe”, Universidad


Autónoma de Barcelona, Facultad de Filosofía y Letras, Departamento de Filología
Española.

Montes Giraldo, J. (2001) Dialectología general e hispanoamericana. Bogotá, ICC.

Moscoso García, F. (2011) “El árabe marroquí, una lengua y no un dialecto: Educar en la
lengua materna”. Revista de Estudios internacionales mediterráneos, No. 10. pp. 134-144.

Salah, S. (2009). “Apuntes sobre la lengua árabe. Lectura de al-Muqddimah de Ibn Jaldún”,
UN MUNDO, MUCHAS MIRADAS, No. 1. Zaragoza.

Vicente, A. (2003). “Fuentes para el estudio de los dialectos árabes”, Estudios de


dialectología norteafricana y andalusí 7, pp. 173-195.

Vicente, A. (2008). “Génesis y clasificación de los dialectos neoárabes”, Cortes de Aragón -


Instituto de Estudios Islámicos y de Oriente Próximo, Zaragoza, pp. 20-65.

Vicente, A. (2011). “La diversidad de la lengua árabe como lengua de comunicación”,


Universidad de Zaragoza, Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, pp. 354-370.